Cambio de lugar
Julio 16, 2008Este blog cambió de lugar, ahora puedes ver todo en
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Publicado en el blog de Anibal Cuevas “Ser Audaces“.
Hace unos días asistí a una boda y me fijé en una frase que se dicen los novios: “prometo serte fiel”. Esa es la afirmación que hombre y mujer se hacen al contraer matrimonio; no se dicen “prometo sentir siempre lo que siento ahora”. Esta idea me parece nuclear para entender y construir un matrimonio. Prometer fidelidad es sinónimo de esperanza, de libertad, de querer querer al otro. Supone entregar incondicionalmente el futuro y construir juntos la historia.
Lo que se siente es pasajero, cambia y en muchos casos no se es dueño de esas variaciones que dependen de factores externos. Se trata de una promesa imposible de cumplir, es más, me parece antihumana. ¿Cómo obligar a alguien a sentir lo que no siente? ¡que absurdo!.
Sin embargo ser fiel es algo muy humano, muy natural y…… muy posible. Depende en gran medida de creerse capaz de cumplir, de estar convencido y de ser consecuente cada día. Mañana escribiré más sobre la fidelidad.
Artículo publicado en la revista de Vallecas del mes de octubre de 2007.
El mes de julio en Galicia, este año, vuelve a ser como antaño: sol, lluvia torrencial, otra vez sol, y 20º C de temperatura a cualquier hora del día o de la noche. Esto supone una vegetación hermosa, exuberante, con infinitos tonos verdes y azules, acuosos, sugerentes, llenos de vida en explosión. Flores rojas, amarillas, salpican los campos como en un cuadro de Van Gogh.
En julio vienen Miguel Ángel y Mercedes con sus tres retoños: Pablo, Bea y Marta. Pablo con sus libros y sus dibujos llenos de imaginación, Bea con sus aparatos bucales y su asimilación milagrosa de las molestias que conlleva dormir con ellos, y Marta encontrando una aguja en un pajar.
Ensayos con guitarra para la misa del domingo con la consiguiente alegría de las monjitas del convento, que reparten caramelos a los niños cantores; baños en el mar y en la piscina hinchable (made in China, como no), y comidas familiares, a base de patatas, muchas patatas fritas que la abuela Emi fríe en una gran sartén y que los niños devoran, sobre todo Pablo, que nunca se harta.
En agosto vendrán los otros hijos, Rafael y Merceditas, con los niños, y Miguel Ángel y Mercedes se irán con los suyos al Hospital 12 de Octubre, a inspeccionar gargantas, narices y oídos deteriorados por males reales o imaginarios.
A Merceditas y a sus niños les gustan los yogures, sobre todo a Adrián, que abulta como tres gramos de niño (tiene cinco años) y que siempre está contento y sonriente, hasta que llega la hora de comer, en que se pone triste y lloroso con “jipíos” de Magdalena. Alejandro, en cambio es fuerte y vivaracho y no tiene problemas con la comida, si acaso al revés. ¡Que bendición¡ ¡Unos tanto y otros tan poco!
También vendrá David, nuestro benjamín, con Pilar. A los dos les encanta el sol, el senderismo, el paisaje, la naturaleza y la fotografía.
Los abuelos, jubilados ya, atendemos a todos, como está mandado, disfrutando de los hijos y de los nietos a tope. Este año, además, recibimos la visita de la familia Lorenzo, que con su alegría y optimismo nos hicieron pasar una tarde estupenda. En septiembre cogemos las vacaciones que, como podéis imaginar, también las necesitamos, para disfrutar solos, sin horarios ni programas establecidos. La abuela se aburre a veces, porque ya no le pide nadie un enorme plato de patatas fritas, y el abuelo echa de menos esos enormes ojos abiertos como platos cuando les cuenta sus batallitas, como el origen de Santiago, la aparición de la Virgen del Pilar en Zaragoza y, finalmente, el hallazgo de la tumba del Apóstol, bajo la estrella, en aquel campo verde y florido, “Campus Stelle”, Compostela.
El abuelo de la familia:
Leocadio Melchor

Publicado en el blog SER AUDACES, de Anibal Cuevas.
Eliseo y María emigraron hace treinta y cinco años desde España a un país hispanoámericano. Con ellos iban sus dos hijas de dos y cinco años. Se instalaron en una ciudad del interior y montaron un pequeño negocio de zapatos. En esa ciudad sus hijas crecieron y se casaron. Ahora son madres de dos y tres niños respectivamente.
Eliseo se jubiló hace unos años y a la vista del agravamiento de su enfermedad respiratoria, los médicos le aconsejaron trasladarse a una ciudad a baja altura. La que viven está situada a más de dos mil metros sobre el nivel del mar. Por ese motivo, en mayo volvieron a España, a su ciudad natal situada a escasos treinta kilometros de la costa.
Después de cinco meses en España han decidido volver. Durante el viaje de vuelta, en el que les he conocido, Eliseo ha sufrido una crisis respiratoria en el avión. Durante más de siete horas han tenido que proporcionarle oxigeno así cómo diversos medicamentos para finalmente inyectarle nitroglicerina. Ha sido atendido por la tripulación y por dos médicos que estaban a bordo y que no han considerado necesario aterrizar en otro aeropuerto para que fuera atendido.
Resulta angustioso ver a una persona buscar el aire con ansia, abrir los pulmones y comprobar que no entra casi nada de aire. Durante los momentos más tranquilos, Eliseo y María me han comentado cosas de su vida, confidencias de personas que se encuentran angustiadas y asustadas y que compartiendo sus miedos encuentran consuelo. Eliseo me contaba que vuelven “por el gusano de los nietos. Yo no puedo estar sin ellos”. María me confesaba que hablaban todos los días por teléfono con ellos, cuando no llamaba el abuelo, llamaban los nietos. Desde que les dijeron que volvían, éstos se habían fabricado un calendario en el que iban apuntando los días que quedaban para ver a los abuelos.
Eliseo me contaba que sufre fuertes problmas respiratorios, que a veces “me tengo que tumbar en la cama atravesado, con la cabeza colgando por un lado y los pies por otro. De esta manera me entra más aire”. En su casa tienen una terraza con forma de pico, “cuando estoy muy mal, me voy al extremo, allí llega el viento con fuerza y me entra más aire en los pulmones”. Dónde mejor se encuentra es en el coche, “conduciendo y con las ventanas abiertas de par en par para que entre mucho aire”.
Al llegar a destino, aún debían subir a otro avión para continuar viaje. Allí se han quedado a cargo del servicio médico para que calibre la viabilidad de continuar el viaje en tales condiciones. Deseaban seguír el viaje a toda costa, lo que más le preocupaba a Eliseo era “que mis nietos no me vean así”.
Al bajar del avión, Eliseo y María me han cogido la mano con fuerza y cariño. “Cuánta humanidad en un espacio tan pequeño” me ha dicho María. Que lección práctica sobre la fuerza de la familia. ¡Ojalá encuentren un lugar para vivir cerca de sus nietos y con buen aire para los pulmones de Eliseo!. ¡Ojalá Dios les de larga vida para disfrutar del amor de su familia!.
Extracto de la homilía que el Cardenal Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, pronunció el pasado 6 de octubre, aniversario de la canonización de San Josemaría.
(El Cardenal Tarcisio Bertone celebró una Eucaristía, a la que acudieron los participantes de un congreso promovido por la “Unione Cristiana Imprenditori Dirigenti”, en Turín).“Cada uno de vosotros, en vuestra actividad profesional, deseáis conjugar fe y servicio, siguiendo la lógica del Evangelio. En vuestras empresas, deseáis vivir la función social y la transparencia; sé que la promoción del hombre y del bien común orientan vuestras decisiones (…).
Con todo, si pensamos en la cantidad de necesidades humanas insatisfechas, en los derechos humanos que no se respetan (el derecho a la vida, a la libertad, al trabajo digno), entonces nos llegan más profundamente estas palabras de Jesús: “Así vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os haya sido ordenado, decid: Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que debíamos hacer” (Lc, 17,10). Es decir, habremos cumplido solamente nuestro deber.
San Josemaría Escrivá, un santo de nuestros días que recordó insistentemente la importancia que tiene para los laicos santificarse en su trabajo, decía que la vocación de los hijos de Dios en medio del mundo les lleva a recorrer todos los caminos de la tierra, atravesando con ellos los obstáculos que se encuentren, a ser por tanto levadura que hace fermentar la masa (Es Cristo que pasa, pág 244).
Esta es vuestra vocación. Esta es la misión que la Iglesia os encomienda. Que a ello os ayuden San José, sencillo trabajador en la casa de Nazaret, y María, la madre y sierva del Señor”.
Fuente: Opus Dei.
Del blog ser audaces.
¡Que importante es tener con quien compartir ideales y modelos de vida!. En demasiadas ocasiones, los padres de familia sienten la soledad de tener que enfrentarse a enemigos demasiado poderosos para educar a sus hijos. La presión del consumismo por medio de la publicidad machacona, el relativismo, la intromisión ilegitima de los poderes públicos, de los medios de comunicación, incluso la propia dejadez de los padres de los amigos del hijo hacen que uno sienta la tentación de darse de baja.
Para leer el artículo completo, pincha aquí.

El día 7 de septiembre está prevista la salidad para Torreciudad, para asistir a la Jornada Mariana de la Familia. Se hará noche en Zaragoza, al igual que el año pasado. El programa de actos para el sábado es el siguiente:
09.00 h. Apertura del recinto y de los confesonarios
12.00 h. Oración de las familias. Ofrendas de flores y frutos
12.30 h. Santa Misa.
14.30 h. Actuaciones de las familias
16.30 h. Santo Rosario y Exposición Solemne
17.15 h. Fin de la Jornada

Homilía 5 (Mt 1,22.ss)
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca de! Profeta, diciendo: Mirad que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le llamarán de nombre Emmanue! (Mt 1, 22ss).
DEBEMOS MEDITAR LA PALABRA DIVINA
1. A muchos oigo decir: Mientras estamos en la iglesia escuchando la palabra de Dios, nos sentimos recogidos; pero apenas salimos, el fuego se apaga y nos volvemos otros. ¿Qué podríamos hacer para que esto no suceda? Consideremos la causa que lo produce.
¿De dónde, pues, nos viene este cambio tan grande? Nos viene de no emplear el tiempo en lo que conviene, y de fomentar el trato de hombres perversos. Al acabar la reunión litúrgica, no debiéramos lanzarnos inmediatamente, a cosas que nada tienen que ver con ella, sino, llegados a casa, tomar el Libro santo en nuestras manos e invitar a nuestras mujeres e hijos a tomar parte en el fruto de lo que se nos ha dicho. Sólo después, debiéramos ocuparnos en los asuntos de la vida.
Cuando salís del baño, no os tumbáis inmediatamente por esas plazas, por miedo de perder el refrigerio que en el baño gozasteis. Lo mismo - y con mucha más razón - habría que hacer al salir de la iglesia. Pero la verdad es que hacemos lo contrario, y de ahí viene que lo perdamos todo. Porque, al no estar aún bien arraigado, el fruto de lo que hemos oído, viene el torrente impetuoso de las cosas exteriores y lo arrastra todo en su torbellino.
Pues para que esto no suceda al salir de la iglesia, no tengáis ninguna ocupación, por más necesaria, que la meditación de lo que habéis oído en ella. ¿No sería una gran incongruencia dedicar cinco o seis días a lo temporal y consagrar sólo uno, mejor dicho, ni una pequeña parte de uno, a lo espiritual?. ¿No veis cómo nuestros niños, se estudian durante todo el día, las lecciones que les han dado? Lo mismo hemos de hacer también nosotros. De nada nos servirá venir a la iglesia, si el día que venimos nos llevamos, como quien dice, el agua en un cántaro roto. De nada, si no ponemos en guardar lo que se nos dice, el mismo cuidado que mostramos en la guarda del oro y la plata.
Si le dan a un hombre unos denarios, se los mete en su bolsillo y lo cierra muy bien cerrado. Nosotros recibimos sentencias más preciosas que el oro y que las perlas, tenemos en la mano tesoros del Espíritu Santo y no las escondemos en las recámaras de nuestra alma, sino que dejamos que, sin más ni más, se escurran de nuestra mente.
¿Quién nos tendrá compasión, si somos nosotros mismos nuestros peores enemigos, si nosotros mismos nos precipitamos en pobreza tan grande? Pues para que eso no suceda, pongámonos a nosotros mismos, a nuestras mujeres e hijos, una ley irrevocable: la de consagrar un día entero de la semana a oír y meditar la palabra de Dios. De este modo vendréis mejor preparados para lo que vais a escuchar y, de esta manera, por una parte nuestro trabajo será menor y vuestro provecho mayor, si escucháis lo que sigue trayendo en la memoria lo anteriormente dicho. Es importante esta parte para que entendáis lo que se os dice y veáis con precisión la trama de los pensamientos que os expongo.
Por eso, como no es posible decirlo todo en un solo día, vosotros habéis de hacer una especie de cuerda con la que vayáis anudando en vuestra memoria lo que en muchos días se os expone. De tal modo debéis disponerlo en vuestra alma, para que aparezca entero el panorama de las Escrituras. Ahora, recordad lo que os dije el último día y pasemos al asunto, que hoy nos proponemos.
LA PROFECÍA DE ISAÍAS: MIRAD QUE UNA VIRGEN CONCEBIRÁ
2. ¿Qué texto, nos proponemos comentar hoy?
Todo esto, sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por boca del profeta… Aquí, en cuanto fue posible, el ángel dio un grito fuerte, digno del milagro que nos contaba: ¡Todo esto sucedió!. Vio la extensión y profundidad del amor de Dios, realizado en lo que jamás se esperaba, dejando en suspenso las leyes de la naturaleza y hecha la reconciliación; vio, cómo el que era el más alto descendió al que estaba más bajo de todos; cómo se había derribado la pared medianera; cómo se habían eliminado los obstáculos; cómo se habían cumplido muchas más maravillas, y, cifrando en una sola palabra el milagro, dijo: Todo esto sucedió por que se cumpliera lo que el Señor había dicho por boca del profeta. No pienses - nos dice el ángel - que se trata de decisiones de ahora. Todo estaba prefigurado desde antiguo. Es lo que Pablo procuraba enseñar en todas partes.
Por lo demás, el ángel remite a José al profeta Isaías para que, al despertar, no se olvidara, como de cosa reciente, de lo que le había dicho y para que, por medio de los pasajes proféticos, de los que se nutría y recordaba constantemente, retuviera también sus palabras. Nada de esto le dijo a la Virgen, que era una niña y no tenía familiaridad con los textos sagrados, pero con el hombre, que era justo y meditaba a los profetas, el ángel puede partir de aquí para su conversación.
Notemos que, antes de citar a Isaías, le habla de tu mujer; pero una vez que ha aludido al profeta, ya no teme el ángel pronunciar ante José el nombre de virgen. Sin duda, de no haberlo oído antes por boca de Isaías, hubiera José escuchado con turbación este nombre. Nada nuevo era, en efecto, más bien, familiar, durante mucho tiempo meditado, iba a oír de boca del profeta. El ángel, pues, alega a Isaías porque quería dar, con su testimonio, más crédito a su mensaje. Sin embargo, no se quedó en Isaías, sino que refiere a Dios su palabra. Por eso no dijo: “Para que se cumpliera lo que había dicho Isaías”, sino: Por que se cumpliera lo que había dicho el Señor. La boca era de Isaías, pero el oráculo venía de lo alto.
CUESTIONES SOBRE LA PROFECÍA DE ISAÍAS:
A) POR QUÉ SE LLAMA CRISTO “EMMANUEL”
¿Qué dice, pues, este oráculo? Mirad que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le llamarán de nombre Emmanuel(Is 7,14).
¿Cómo no se llamó su nombre, Emmanuel, sino Jesucristo? Porque no dijo “le llamarás”, sino le llamarán, es decir, así le llamarán las gentes y así lo confirmarán los hechos. En realidad, aquí se pone nombre a un acontecimiento, y tal es el uso de la Escritura, que pone por nombre los acontecimientos. Consiguientemente, le llamarán Emmanuel, no significa otra cosa sino que verán a Dios entre los hombres. Porque, si es cierto que Dios estuvo siempre entre los hombres, nunca estuvo tan claramente.
Pero si los judíos siguieran porfiando, les preguntaremos: ¿Cuándo se le llamó a un niño: “Pronto despoja, saquea, aprisa saquea” ?. Tendrán que contestar: nunca. Entonces, ¿cómo es que dijo el profeta: Llámale de nombre “Pronto despoja” ?(Is 8, 3). Porque al nacer aquel hijo del profeta, hubo presa y reparto de botín. Lo que fue un hecho, al nacer el niño, se le pone por nombre.
En otro pasaje dice el mismo Isaías: La ciudad se llamará ciudad de la justicia; Sión metrópoli de la fidelidad (Is 1,26). Sin embargo en ninguna parte hallamos que a Jerusalén se la llame “Ciudad de la justicia” sino que siguió llamándose Jerusalén. Pero así dijo el profeta que se la llamaría, al ser transformada en mejor, tal como había sucedido efectivamente. Y es que cuando se da un hecho que da a conocer, al que lo realiza o al que de él se aprovecha, la Escritura dice que, mejor que su nombre mismo, es el de la verdad de la cosa misma.
B) EL PROFETA NO HABLA DE “MUJER JOVEN”, SINO DE “VIRGEN” PROPIAMENTE DICHA
Cerrada en este punto la boca a los judíos, buscarán otra dificultad : lo que se dice de la virginidad , y alegándonos a otros traductores nos objetarán que el texto primitivo no dice “virgen” sino “mujer joven”. A esto responderemos ante todo que con toda justicia deben ser tenidos los Setenta por los más fidedignos de todos los traductores de los Libros santos.
En efecto, de los otros que tradujeron después del advenimiento de Cristo, permaneciendo en el judaísmo, y hay razón para sospechar, que se dejaran llevar de su enemistad contra la fe cristiana y que oscurecieran, adrede, las profecías. Sin embargo, los Setenta, que realizaron su obra, cien o más años antes de Cristo, y que fueron tantos en número, están libres de toda sospecha. Y por el tiempo, su cantidad y su unanimidad es justo se les dé más crédito que a cualquiera otros intérpretes.
3. Pero, aun en el caso de que aleguen la autoridad de los modernos, la victoria será siempre nuestra. En efecto, también el nombre de “juventud” suele la Sagrada Escritura aplicarlo a la virginidad, no sólo tratándose de mujeres, sino también de varones. Así, dice el salmista: Jóvenes y vírgenes, viejos juntamente con los mozos (Ps 148,12). Y, hablando en otro momento sobre una joven, a cuyo honor se atentaba, dice la Escritura: Si la joven levantare la voz… (Deut 22,27). La joven, es decir, la virgen, como lo prueba todo el contexto anterior. Además, el profeta no dijo simplemente: Mirad que la virgen concebirá, sino que antes había dicho: Mirad que el Señor mismo os dará un signo, y luego añadió: Mirad que la virgen concebirá. En verdad, si la que, iba la concebir no era virgen, sino que había de ser madre por ley común de la naturaleza, ¿qué signo había en ello?. Para que sea un signo tiene que pasar la medida de lo corriente, tiene que ser extraño y sorprendente. En otro caso, ¿cómo puede ser llamado signo?
CONDUCTA ADMIRABLE DE JOSÉ
Levantado José del sueño, hizo como le había mandado el ángel del Señor.
¡Mirad qué obediencia, mirad qué docilidad de espíritu! He aquí un alma vigilante e íntegra en todo. Cuando era presa de una sospecha desagradable y extraña, no se hacía a la idea de retener consigo a la Virgen; ahora que está libre de aquella sospecha, no piensa un momento en echarla de su casa. Sí, la retuvo, y entró así en el servicio de toda la economía de la encarnación: Y tomó - dice - consigo a María su mujer. Notad cómo el evangelista emplea constantemente el nombre de mujer; lo uno porque no quería que, por entonces, se descubriera el misterio, lo otro para alejar de la Virgen aquella sospecha de la que hablamos.
MARÍA FUÉ PERPETUAMENTE VIRGEN.
Habiéndola tomado consigo, no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito. “Hasta” lo puso aquí el evangelista, no porque tenga que sospecharse que la conoció posteriormente, sino para que se entienda bien, que la Virgen permaneció absolutamente intacta antes del parto. -¿Por qué, pues - diréis -, usó de la partícula “hasta”?
Porque ése es muchas veces el uso de la Escritura, que no emplea esa palabra para indicar un tiempo determinado. Así, por ejemplo, hablando del arca, dice: No volvió el cuervo hasta que se secó la tierra, cuando sabemos que tampoco volvió después de secarse (Ps 89,8). Y hablando de Dios: Desde el siglo hasta el siglo eres tú (Gen 8,17), sin que aquí se señale un término. Lo mismo en otro momento en que da una buena noticia y dice: Se levantará en sus días la justicia y muchedumbre de paz hasta que desaparezca la luna (Ps 71,7). Lo que no quiere decir que ponga término a este bello astro. Así también aquí: “hasta” asegura lo que hubo antes del parto; lo de después, lo deja el evangelista a vuestra consideración.
Lo que teníamos que saber del evangelista, eso fue lo que él nos dijo: que la Virgen permaneció intacta hasta el momento del parto. Lo otro, que era natural consecuencia de lo dicho y quedaba con ello confesado, os lo deja para que lo comprendáis por vosotros mismos. ¿Cómo no comprender que José, que era hombre justo, había de atreverse a conocer después a la que de tan maravillosa manera había sido madre, a la que había merecido tan novedoso parto y tan peregrino alumbramiento?. Y si la conoció y la tuvo por mujer ordinaria suya, ¿cómo es que Cristo la encomendó a su discípulo, como mujer indefensa y sin marido, y le mandó que la recibiera en su casa? (Io 19,25 ss)
SANTIAGO Y LOS HERMANOS DEL SEÑOR: PODER DE SU RESURRECCIÓN
¿Cómo, pues - diréis -, se llaman hermanos de Jesús ,Santiago y los otros? - Por la misma razón por la que José pasaba por esposo de María. Todo eran velos que se echaban para cubrir, por entonces, su concepción maravillosa. De ahí que, Juan mismo, les diera ese nombre cuando decía: Y es que ni sus mismos hermanos creían en Él. (Io 7,5). Y, sin embargo, los que no creyeron antes, luego fueron hombres admirables e ilustres. Así, cuando Pablo y sus compañeros subieron a Jerusalén por cuestiones de dogma, se dirigieron inmediatamente a Santiago ( Cf. Gal 2,9 con Act 15,1 ss), que porque fue varón tan admirable, a él se le encomendó, el primero, el episcopado de Jerusalén.
De él se cuenta que, llevaba una vida tan austera que todos sus miembros parecían de un cadáver. De su continua oración con la frente, constantemente, pegada al suelo, se le endureció, de tal modo, que parecía por su dureza las rodillas de un camello. Éste es el que, cuando más adelante, volvió Pablo a Jerusalén le amonesta diciendo: Ya ves, hermano, cuántos miles y miles se han reunido Act 21,20). Tan grande había sido su discreción y su celo, o, por decir mejor, tan grande había sido el poder de Cristo.
Los mismos que, vivo, le habían escarnecido, de tal manera le admiraban después de muerto, que estaban dispuestos a dar su vida por él, prueba máxima del poder de su resurrección. Justamente, para que esta prueba resultara indubitable, se reservaron los hechos más maravillosos para después de la muerte del Señor. Y la verdad es que si, a los que en vida, hemos admirado, los olvidamos apenas salen de este mundo ¿cómo es posible que a Cristo, a quien en vida hicieron objeto de irrisión, le tuvieran por Dios después de muerto, si sólo era un hombre de tantos? ¿Cómo se hubieran dejado degollar por Él de no sido patente la prueba de su resurrección?
NO CONFIEMOS EN LA VIRTUD Y PROTECCIÓN DE LOS OTROS
4. Si os digo todo esto, no es para que os contentéis con escucharlo sino para que imitéis el valor, la franqueza y la justicia de aquellos hombres.
Nadie desespere por lo por venir, aunque el pasado haya sido tibio; pero que nadie, tampoco, ponga su esperanza, después de la misericordia de Dios, sino en su propia virtud. A los parientes de Cristo, de nada les valió su parentesco con Él, ni ser de su misma familia y patria hasta que, personalmente, no practicaron la virtud. ¿Qué excusa tendremos nosotros, entonces, si ponemos por delante a nuestros parientes y hermanos justos, pero no somos personalmente justos ni vivimos virtuosamente? Eso mismo daba a entender el profeta cuando decía: ¿El hermano no redime, y redimirá un extraño? (Ps 4,87) No, aun cuando ése fuere Moisés, Samuel o Jeremías. Oye, si no, lo que Dios le dice a éste: No me ruegues por este pueblo, porque no te escucharé (Ier 11,14). ¿Y de qué te maravillas si no te escucho? Aun cuando vinieran, dice, los mismos Moisés y Samuel, no aceptaría sus súplicas en favor de este pueblo. Si es Ezequiel el que intercede, oye que se le dice: Aun cuando se presentaren Noé, Job y Daniel, no librarán a sus hijos y a sus hijas (Ex 14,14.16). Si es el patriarca Abrahán el que ruega por quienes sufren enfermedades incurables del alma y no se convierten, Dios se va y le deja sin haber escuchado la súplica que por ellos le hace. Si es Samuel quien hace eso, Dios le dirá: No llores por Saúl (1 Reg 16,1). Si alguno ruega por su hermana de modo inconveniente, oirá lo que se le dijo a Moisés: Si escupiendo escupiere su padre a la cara de ella.. . (Num 12,14)
No miremos, boquiabiertos, a los demás. Tienen, sí, una gran fuerza las oraciones de los santos, pero es cuando, también nosotros, hacemos penitencia y nos corregimos. Moisés, que arrancó de la cólera divina a su hermano y a seiscientos mil hombres, no pudo librar a su hermana. Y, la verdad, no era igual el pecado, pues María sólo había ofendido a Moisés, mientras que Aarón y el pueblo habían cometido un pecado de impiedad.
LOS SANTOS NO SON SIEMPRE OÍDOS
En fin, quede ahí, para vosotros, ese problema. Yo voy a resolver otro más difícil. Que ¿qué dijo su hermana?
El caudillo de tan grande pueblo, no pudo alcanzar gracia para sí , y después de trabajos y calamidades infinitas, después de haber ejercido durante cuarenta años la soberanía, se le prohibió pisar la tierra sobre la que tantas promesas se le habían hecho. ¿Por qué causa?. Porque esta gracia no hubiera sido provechosa, habría traído mucho daño y hubiera sido para muchos judíos una zancadilla.
Si, sólo, por haberlos sacado de Egipto, sólo buscaban a Moisés y abandonaban a Dios a éste le atribuían todo, de haberlos introducido él también en la tierra de promisión, habrían terminado, sin duda, en la impiedad. De ahí que tampoco fuese conocido su sepulcro. Samuel no pudo librar a Saúl de la cólera celeste, pero salvó muchas veces a los israelitas. Jeremías no pudo ayudar a los judíos, pero protegió a otros, como vemos por su profecía. Daniel libró a los extranjeros de que fueran degollados, pero no pudo librar de la cautividad a los judíos. Y en los evangelios veremos que sucede lo mismo, no en sujetos distintos, sino en uno mismo: uno mismo es el que en una ocasión se pierde y en otra se salva. Es el caso del criado que debía diez mil talentos: primero se libró del peligro a fuerza de súplicas, pero luego no lo consiguió. Otro, por el contrario, que se perdió primero, alcanzó luego los mayores bienes. ¿Quién fue ése? El hijo que consumió la hacienda paterna.
En conclusión, si vivimos flojamente, no podremos salvamos por medio de los otros; pero, si vivimos vigilantes, nos salvaremos por nosotros mismos, mejor que por mediación de los demás. Porque Dios prefiere darnos su gracia, directamente a nosotros, que no a los demás para nosotros. De este modo, procurando por nosotros mismos, calmar la cólera divina, gozaremos de confianza y nos haremos mejores. Así tuvo el Señor compasión de la cananea, así salvó a la mujer adúltera, así al buen ladrón: sin mediador ni protector ninguno.
CONTRA LA CICATERÍA Y LA AVARICIA
5. No digo todo esto porque no tengamos que rogar a los santos, sino para que no vivamos tibiamente y, echándonos nosotros a dormir, dejemos a los otros, nuestro negocio. Cuando el Señor dijo: Haceos amigos, no se paró ahí, sino que añadió: con la riqueza de iniquidad (Lc 16,9). Es que busca, también, tu buena obra, pues no otra cosa da a entender aquí sino la limosna. Y ¡cosa admirable! Con tal de que nos apartemos de la iniquidad, no nos exige ninguna otra cosa. Es como si nos dijera: ¿Habéis adquirido mal? Gastad bien. ¿Habéis recogido injustamente? Repartid justamente. Aunque, en verdad, ¿qué virtud es, dar de tales bienes?
Sin embargo, Dios es bueno, condesciende con nosotros hasta ese punto y, si hacemos eso, nos promete muchos bienes. Pero, hemos llegado a tal extremo de endurecimiento, que no damos ni de lo injustamente adquirido. Robamos sin medida, y con una pequeña parte de la que nos desprendamos, ya creemos haber cumplido. ¿No has oído a Pablo, que dice: El que escasamente siembra, escasamente recogerá? ( 2 Cor 9,6) ¿Por qué, pues, eres escaso? ¿Es acaso un gasto la limosna? ¿Es una pérdida? No; es ganancia y negocio. Donde hay siembra, hay cosecha; donde hay siembra, hay abundancia. Si tuvieras que cultivar una tierra grasa y profunda, capaz de recibir abundante semilla, no sólo echarías la que tú tuvieras, sino que la pedirías prestada, pues en este caso tendrías escasez sólo un año.
El cielo es la tierra que has de cultivar, El cielo no está sometido a la desigualdad de temperaturas; allí las semillas rinden absolutamente con creces. ¿Cómo, pues, estás perezoso y retraído? ¿Cómo no comprendes que, ahorrar aquí, es perder y no ahorrar es ganar? Da, pues, generosamente para no perder; no retengas, para que tengas; arroja, si quieres guardar; gasta, si quieres ganar. Aun cuando sea necesario guardar, tú no guardes, pues lo has de perder sin remedio. Entrégaselo a Dios, de cuyas manos nadie te lo arrebatará.
DIATRIBA CONTRA LA USURA
No negocies por ti mismo, pues tú no sabes ganar. Presta la mayor parte de tu capital al que te ha de dar mejor interés. Presta donde no hay envidia, donde a nadie se le acusa, donde contra nadie se acecha, donde no hay temor ninguno. Presta a quien de nada tiene necesidad, y si alguna necesidad tiene, es por ti. Presta a quien a todos alimenta, y que si algún hambre tiene, es de que tú no estés hambriento. Presta al que se hizo pobre para que tú fueras rico. Presta allí donde no se recoge como fruto la muerte, sino la vida. Esos intereses te conducirán al reino de los cielos; los otros, al infierno, porque los unos proceden de la avaricia y los otros de la virtud; los unos de la caridad, los otros de la crueldad. ¿Qué excusa tendremos, si pudiendo acrecentar nuestros bienes, con seguridad, en tiempo oportuno, con entera libertad, sin injurias, sin temores y sin peligros, dejamos esas ganancias y nos vamos corriendo tras lo torpe y vil, lo caduco y perecedero, tras unas ganancias que nos han de llevar al horno inextinguible?
No hay nada, más vergonzoso y más cruel que los intereses que proceden de la usura. El usurero trafica con las desgracias ajenas, y de la miseria de su prójimo hace él su granjería. Pide paga de su caridad, presta como si temiera aparecer despiadado y, con máscara de caridad, ahonda más el hoyo de la miseria. Cuando nos ayuda, agrava nuestra pobreza; al alargarnos la mano, nos empuja; cuando parece acogernos en el puerto, nos arroja al naufragio, estrellándonos en un escollo, en un bajío, en una roca.
Entonces, me dirá el usurero, ¿quieres que dé mi dinero a otro para sus negocios; el dinero que yo recogí y que puede serme muy provechoso, sin compensación ninguna? No, no es eso lo que digo. Yo quiero que, siempre recibas compensación, pero no esa vil y pequeña, sino una mucho mayor. Lo que yo quiero es que, en vez de oro, recibas el cielo en interés. ¿ Por qué, te cierras en esa miseria, arrastrándote por el suelo y exigiendo cosas pequeñas en vez de grandes? Eso es propio de quien no sabe hacerse rico. A cambio de un puñado de dinero, Dios te promete los bienes del cielo; pero tú le dices: “No me des a mí el cielo; dame, en su lugar el oro”. Es lo que se espera de quien quiere vivir en la miseria..
Así, pues, el que codicie la riqueza y la abundancia, prefiera los bienes permanentes a los pasajeros; los inagotables a los que se corrompen; los muchos a los pocos, y de este modo, tendrá unos y otros. El que busca la tierra en vez del cielo, infaliblemente, perderá el cielo y la tierra, pero el que antepone el cielo a la tierra, gozará, y con creces, del uno y de la otra.
Para que así sea también en nosotros, despreciemos todo lo de aquí abajo y amemos los bienes venideros. De este modo alcanzaremos los unos y los otros, por la gracia y amor de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Ponemos en la red, poco a poco, las homilias de San Juan Crisóstomo comentando el Evangelio de San Mateo. Podemos darnos cuenta que la sociedad, en la que se encontraba este Padre de la Iglesia, adolecía de los mismos vicios que observamos en el siglo XXI. San Juan Crisóstomo refuta las malas costumbres usando su gran sentido común y facilidad de palabra. Queremos que suponga una ayuda para el lector y suscitamos tus comentarios positivos en los que se refleje el modo práctico de ayudar a cada individuo y a cada grupo social a velar por el bien de sus costumbres. Estas homilias han sido usadas por muchos Doctores de la Iglesia y místicos en sus escritos y ahora, las vamos colocando para la ayuda de las personas de buena voluntad, y no solo los cristianos, que deseen hacer una lectura reflexiva y quieran cooperar en su bien personal y en el bien social.
Las iremos incluyendo todas, aún a falta de corrección de estilo para ponerlo en un castellano actual, si alguien se anima agraderíamos su ayuda.
El Santo:
EL SANTO DE LA GLORIA DE DIOS
En algunos santorales san Juan Crisóstomo recibe el calificativo de mártir, pero si bien no sufrió un martirio violento, no es menos cierto que fue testigo de Cristo y que fue su fidelidad al Maestro lo que le llevó al destierro y a numerosas penalidades y sufrimientos que le acarrearon la muerte. Enfrentarse al poder imperial, sobre todo al de la emperatriz Eudoxia, lleva a nuestro santo a este final. El Imperio romano de Oriente no es ya oficialmente el imperio pagano perseguidor de la Iglesia. Desde el reinado de Teodosio, el cristianismo es la religión oficial del Estado. Se crea así un espejismo, repetido muchas veces a lo largo de la Historia: el de un cristianismo protegido y tutelado por las autoridades civiles. Instrumentalización y cesaropapismo. Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla, no está dispuesto a que la voz de la Iglesia sea silenciada o manipulada en la nueva situación. Y el poder establecido responderá en todas las épocas siempre con la misma táctica: no atacará a la Iglesia como tal institución sino a las personas que la representan; desvinculará a la persona de la institución para poner en duda su legitimidad… Se empleó esta tácticas incluso contra Papas, ¿por qué no se emplearía contra un arzobispo de Constantinopla, que empleaba la denuncia profética contra injusticias de todo tipo, y por qué no buscar entre otros miembros de la jerarquía y del clero a hombres que descalificaran la actuación de Juan Crisóstomo?
De muchos santos se recuerdan sus últimas palabras, y en el caso de aquel arzobispo de Constantinopla, éstas fueron: “¡Gloria a Dios sobre todas las cosas!”. Para Dios, toda la gloria. Dios, en primer lugar, pues la gloria del ser humano es enteramente tributaria de la gloria divina. Reconocer la gloria de Dios no es empequeñecer al hombre sino acogerse a la fe y recordar que procede de Dios, que está hecho a su imagen y semejanza. La dignidad humana no sufre por el reconocimiento de la gloria de Dios. Es el reconocimiento de una verdad, aunque esa verdad no sea comprendida por todos. Juan Crisóstomo se entrega a Dios desde su juventud, desde su bautismo a los dieciocho años de edad. Su talento natural para la oratoria se ajustó a la búsqueda de la gloria de Dios. Sermones, escritos diversos y cartas del hombre de la “boca de oro” (crisóstomo, en griego) no tienen otro objeto que la gloria de Dios. Era un heredero de la retórica griega clásica pero la elevó hasta cumbres no alcanzadas en mucho tiempo –eran cumbres alcanzadas por el Espíritu- sólo por el hecho de que todo lo hacía por la gloria de Dios. Esta adhesión a la gloria divina fue sellada también con la cruz. Llama la atención que sus perseguidores lo arrestaran la víspera de la Pascua del año 404. Juan Crisóstomo debía pasar, al igual que Cristo, por el sufrimiento para entrar después en la gloria.
Quizás esos perseguidores buscaran privarle de la alegría de celebrar la Pascua con sus fieles, pero erraban por completo si tales eran sus cálculos. Quien ha configurado su vida con la gloria de Dios, quien busca hacer su voluntad e identificarse con su Hijo, puede ser privado del Pan y de la Palabra, en sentido físico o material. Será una situación dolorosa para él, pero esto no le privará de Dios, pues nada puede atentar contra su libertad interna, pues es una libertad que sólo le debe a Cristo. Nada material puede encarcelar su espíritu; tampoco el exilio o la soledad forzada que fue lo que se empleó contra Juan Crisóstomo. Quien lleva a Dios dentro de sí y quien sólo vive para su gloria, encuentra a Dios en todas partes y en toda circunstancia. El exilio elegido por los enemigos del santo son los límites del mundo conocido hasta entonces, el Ponto Euxino, las orillas del Mar Negro que desde la más remota antigüedad simbolizaban para los griegos un mundo hostil. Juan Crisóstomo no regresará nunca a su diócesis de Constantinopla y sus guardianes le harán más dura su condición de exiliado. Muere, sin embargo, el mismo día en que la Iglesia celebrará siglos después la Exaltación de la Santa Cruz. Poco después, sus restos serían conducidos a Constantinopla y su imagen sería rehabilitada incluso por sus propios perseguidores. Pero la imagen verdadera, la que perdura de Juan Crisóstomo es la del cristiano fiel, el que busca, ante todo, la gloria de Dios .